jueves, 11 de abril de 2013

Pequeña gente, grandes cosas


Fiel en lo poco

"...hay que tener cuidado con los tacheros que te cobran cualquier tarifa", dice la gente. Y algunas veces tienen razón. El hecho de manejar un taxi por varias horas, el tránsito de locos, hace que finalmente uno se equivoque de tarifa. Sube mi pasajero y me indica la dirección de un hotel. Llegamos, me paga y me voy.

Cuando sube el siguiente pasajero miro el importe... ¡estaba equivocado! Lo cambio y llevo a su destino a mi nuevo cliente.

Mi cabeza se convierte en un ring de boxeo: honestidad brutal vs. ya fue. ¿Qué hago? ¿Por qué lo hago? ¿Para quién lo hago? No quiero ser un hipócrita que critica y acusa pero después no hace lo que dice. Gana honestidad brutal por knock out.

Solo en el auto, voy al lugar donde se subió mi pasajero, al cual le cobré mal. Pongo la tarifa justa, bajo la banderita y hago el mismo recorrido hasta el hotel. Si estoy loco no lo sé, por lo menos estoy contento. Llego al hotel y la diferencia con lo cobrado es de $4.

Nuevamente me pregunto si estoy loco. El Evangelio habla de ser fiel en lo poco para poder serlo en lo mucho. Bajo y busco al pasajero que hace un rato había dejado. Le explico que me equivoqué de tarifa en su viaje y que quería devolverle la diferencia. Me mira. Le explico cómo hice el cálculo y le entrego los $4. No sé qué habrá pensado.

A los pocos días llega un dinero que no estaba previsto. El Evangelio sigue sorprendiéndome.

Roberto (Rosario)

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