miércoles, 14 de agosto de 2013

Una vecina “original”


Hace poco me mude de una casa a un edificio, vivo en el primer piso. A los pocos días conocí, de manera original, a una vecina del cuarto que bajaba con el ascensor; ella se estaba quejando porque le costaba caminar, era muy anciana y el taxista que la esperaba en el auto afuera del edificio, no hacía nada por ayudarla. Yo escuche sus lamentos, bajé y me ofrecí a ayudarla pensando que Jesús estaba en ella.

A la noche tocan el timbre y recibo una bandeja de masas, ella me las había mandado en modo de agradecimiento. Así comenzó una linda relación entre vecinas, en donde nos llamábamos a la nochecita para ver si alguna necesitaba algo, a veces subía a verla, hasta llegamos a decirnos la edad (me dijo que tenía 80 y algo más).

Después de dos meses me entero que sus únicos familiares deciden llevarla a un hogar de ancianos, por razones económicas. Estando allí la visito casi todos los días, rezamos el rosario juntas y crece aún más nuestra amistad.

Nuevamente por razones económicas, los familiares deciden trasladarla a otro hogar, pero esta vez me piden que sea yo quien se lo diga ya que perciben mi afecto y confianza hacia ella. Para mí este pedido fue muy fuerte, resistía a decírselo dejando pasar los días, pedí ayuda a Dios para que me indicara cómo era el mejor modo de hacerlo y confiando plenamente, me puse en manos de Él.

Una tarde que la fui a visitar me dice si puedo de traerle un sacerdote, lo hago y ella tiene un encuentro con él. A los pocos días vuelvo y una de las enfermeras me dice que no se había levantado, no había comido y que la notaba un poco decaída. Entro en la pieza y la veo desmejorada, me doy cuenta que algo le estaba pasando; hablamos un poquito y le pregunto si quería rezar el rosario a lo que ella me contesta que sí, empezamos y en determinado momento no responde, la veo muy blanca, le tomo el pulso, efectivamente había partido. El dolor fue fuerte porque no me lo esperaba, confío plenamente que Dios la recibió en el Paraíso.

Al día siguiente leyendo el diario me doy cuenta de su picardía ("80 y algo más") había llegado al cielo con 95 años.

domingo, 11 de agosto de 2013

El alumno

Ayer C. entró tarde al aula y medio cabizbajo. Hacia una semana que no venia a clase. Se sentó y comenzó a completar su carpeta. Llegado el momento le digo que tiene que sacar fotocopia de la actividad o copiarla. Me contesto muy mal...
Frente a esto hablo con la MOT que vio lo que sucedió. Ella me dijo que quizás, me había contestado así porque sabe que lo aprecio y a pesar de su enojo no lo iba a dejar a un lado. Que ella le preguntó que le pasaba y le dijo que no lo podía ayudar en nada.
Llamo a C después del recreo para invitarlo a conversar. Enseguida me preguntó si le iba a poner  un llamado de atención... le pregunté por qué pensaba eso y me contesto que siempre que lo sacaban del aula era para llamarle la atención.
Le dije que no, que quería conversar con él porque últimamente lo veía  triste y enojado, y quería saber si lo podía ayudar en algo.
Me contesto que no podía hacer nada.  pero poco a poco fue abriéndose y entre lágrimas terminó contándome todo lo que pasaba en la casa... Lloro durante media hora...
Le agradecí por haberme contado cosas tan íntimas, la confianza, por haberme permitido darle algunos consejos, le dije cuanto lo quería, que no era un desastre, que era muy capaz y que tenía muchos talentos... ( dibuja hermoso) Que tenia que estudiar para alcanzar sus objetivos y que lo iba a ayudar en eso.
C. está por cumplir 18 año y se muestra siempre fuerte y seguro... Se secó las lágrimas con el buzo, se levantó y se despidió con un "gracias profe".
Jesús me dio la oportunidad de vivir  un amor delicado.

jueves, 1 de agosto de 2013

PdV Agosto '13


PdV Agosto '13

Palabra de Vida • Agosto 2013
Un amor universal y gratuito

 “Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman” (Lucas 6, 32).

La Palabra de vida de este mes está tomada del Evangelio de Lucas. Forma parte de ese amplio conjunto de máximas de Jesús que corresponden al sermón de la montaña en el Evangelio de Mateo. Como es sabido, allí se describen las exigencias del Reino de Dios y los rasgos que caracterizan a quienes le pertenecen. Se inspiran y se atribuyen a la imitación del Padre celestial.
En este versículo, Jesús convoca a sus discípulos a imitar a Dios Padre en el amor. Si queremos ser hijos suyos, tenemos que amar a nuestro prójimo como él lo ama.

Lo primero que mayormente caracteriza al amor de Dios Padre es su absoluta gratuidad. Ese amor se opone radicalmente al del mundo. Mientras este último se basa en el contracambio y la simpatía (amar a los que nos aman o nos resultan simpáticos), el amor del Padre es totalmente desinteresado; se entrega a sus criaturas independientemente de la respuesta que pueda llegar. Es un amor cuya naturaleza consiste en tomar la iniciativa y comunicar todo lo que posee. En consecuencia, se trata de un amor que construye y que transforma. El Padre celestial nos ama no porque seamos buenos, espiritualmente hermosos y por lo tanto merecedores de interés y de magnanimidad; sino, por el contrario, porque al amarnos crea en nosotros la bondad y la belleza espiritual de la gracia, y nos convierte en amigos e hijos suyos.

Otra característica del amor de Dios Padre es su universalidad. Dios ama a todos sin distinción. Su medida es la ausencia de todo límite o medida.
Por otra parte, este amor no podría ser gratuito y creativo si no estuviera proyectado por completo hacia donde haya una necesidad o un vacío que colmar.
Por eso el Padre ama también a sus hijos ingratos, alejados o rebeldes; es más, se siente particularmente atraído por ellos.

¿Cómo vivir la Palabra de vida de este mes?
Comportándonos como verdaderos hijos del Padre celestial, es decir imitando su amor, especialmente en las características que hemos puesto en evidencia: la gratuidad y la universalidad. Tratemos, entonces, de ser los primeros en amar, con un amor generoso, solidario, abierto a todos, especialmente atento a esos vacíos que podremos encontrar a nuestro alrededor. Tratemos de amar con un amor desinteresado de los resultados. Esforcémonos por ser instrumentos de la libertad de Dios para participar también a los demás de los dones de naturaleza y de gracia recibidos de él.
Al dejarnos guiar por esta Palabra de Jesús, descubriremos con ojos y con corazón nuevos a cada prójimo que pase a nuestro lado, y también toda ocasión que nos ofrezca la vida cotidiana. Por lo tanto, nos encontraremos activos (en la familia, en la escuela, en el ambiente de trabajo, en el hospital, etc.) y nos sentiremos impulsados a ser dispensadores de este amor que es propio de Dios y que Jesús trajo a la tierra, el único capaz de transformar el mundo.

Chiara Lubich

1) Palabra de vida publicada por primera vez en Ciudad nueva en febrero de 1992.