Hace poco me mude de una casa a un edificio, vivo en el primer piso. A los pocos días conocí, de manera original, a una vecina del cuarto que bajaba con el ascensor; ella se estaba quejando porque le costaba caminar, era muy anciana y el taxista que la esperaba en el auto afuera del edificio, no hacía nada por ayudarla. Yo escuche sus lamentos, bajé y me ofrecí a ayudarla pensando que Jesús estaba en ella.
A la noche tocan el timbre y recibo una bandeja de masas, ella me las había mandado en modo de agradecimiento. Así comenzó una linda relación entre vecinas, en donde nos llamábamos a la nochecita para ver si alguna necesitaba algo, a veces subía a verla, hasta llegamos a decirnos la edad (me dijo que tenía 80 y algo más).
Después de dos meses me entero que sus únicos familiares deciden llevarla a un hogar de ancianos, por razones económicas. Estando allí la visito casi todos los días, rezamos el rosario juntas y crece aún más nuestra amistad.
Nuevamente por razones económicas, los familiares deciden trasladarla a otro hogar, pero esta vez me piden que sea yo quien se lo diga ya que perciben mi afecto y confianza hacia ella. Para mí este pedido fue muy fuerte, resistía a decírselo dejando pasar los días, pedí ayuda a Dios para que me indicara cómo era el mejor modo de hacerlo y confiando plenamente, me puse en manos de Él.
Una tarde que la fui a visitar me dice si puedo de traerle un sacerdote, lo hago y ella tiene un encuentro con él. A los pocos días vuelvo y una de las enfermeras me dice que no se había levantado, no había comido y que la notaba un poco decaída. Entro en la pieza y la veo desmejorada, me doy cuenta que algo le estaba pasando; hablamos un poquito y le pregunto si quería rezar el rosario a lo que ella me contesta que sí, empezamos y en determinado momento no responde, la veo muy blanca, le tomo el pulso, efectivamente había partido. El dolor fue fuerte porque no me lo esperaba, confío plenamente que Dios la recibió en el Paraíso.
Al día siguiente leyendo el diario me doy cuenta de su picardía ("80 y algo más") había llegado al cielo con 95 años.
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